SANTOSA,

estado de alegría “contentamiento”.

¿Podemos estar alegres en el momento presente? ¿A qué  se refiere Patanjali?
A veces recurrimos rápido a la comparación, puedo

sentirme contento si valoro mis circunstancias en referencia a otras normalmente más desfavorables o también si dichas circunstancias desfavorables nos traen una enseñanza. Evidentemente este es un truco mental, y si no paramos el ciclo de pensamientos en este punto, y si la mente está muy activa, nuestra mente nos lleva al polo opuesto. Esto en sí mismo no es un problema, ya que la mente es polar. Va de un extremo al otro porque el contraste nos lleva a un conocimiento y mejor entendimiento mental.

Ahí podemos estancarnos y vivir en un polo, o en el otro. Mucha gente lo hace. De hecho la negatividad está presente en la mayoría de las personas. Así que sólo fíjate…. cuando alguien te pregunta qué tal estás…. a veces resulta raro contar que estás bien, que te encuentras contenta a pesar de la intensidad del día a día. Muchas veces cuando nos preguntan, equilibramos contando lo bien que estamos con un….. pero también estoy cansado, o agobiado….. etc.

Entonces… ¿a qué se refiere Patanjali con el estado de Santosa?

Si observas, algunas interpretaciones de Santosha, se resumen en agradecer o sentirse alegres con cualquiera de esas cosas cotidianas en las que no reparamos pero que realmente nos hacen la vida más cómoda o bonita tales como apreciar el amanecer, un nuevo día, o las cosas que utilizamos a diario. Sin embargo esta forma de vivir contentos sigue siendo mental y por lo tanto polar, así que podría parecer que si no dispones de un buen amanecer, del coche, de electricidad, etc., parece que nos será más complicado mantener la felicidad. Y realmente es importante ser conscientes, vivir el presente y apreciar las cosas buenas de la vida, como las relaciones verdaderas, las grandes enseñanzas, el amor y claro, un bello amanecer.

En realidad, el estado de Santosha es independiente de la materia, es independiente de lo bello que podemos disfrutar o de los bienes materiales que nos hacen la vida más cómoda o incluso las incomodidades y momentos duros con los que aprendemos y crecemos como personas. También es independiente de si amanece lluvioso o se nos estropea el coche.
Quizá la respuesta es el Dharma.

El Dharma es aquello que hacemos en la vida con lo que nuestro Ser se identifica, aquello con lo que nos sentimos verdaderamente en Paz. El espacio en el que nos desarrollamos espiritualmente y empezamos a realizarnos.
El momento en el que empiezas a escapar de la rueda del karma. Cuando tus acciones empiezan a ser conscientes. Quizá  conscientes al 20%, 50%, 40%, 80%…. pero de alguna forma hay impresa una intención en todas tus acciones que es la de poner conciencia en el presente, en cada acción. Sólo con esta intención  ya estamos abiertos a adquirir la enseñanza que supone la vida, así  que cuando aún estamos en el proceso de llegar a vivir constantemente en nuestro Dharma, al menos seguimos caminando con conciencia, como un eterno alumno de la vida, humilde y siempre con actitud abierta de adquirir las enseñanzas del día a día. De manera que cuanto más conscientes somos de nuestras acciones con más certeza podremos predecir los resultados de las mismas. Por el contrario, cuando realizamos acciones inconscientes, nos resulta imposible saber el alcance y las consecuencias.
¿Y cómo llegamos al Dharma? Pues haciendo el trabajo desde el principio, limpiando en nuestro interior y llevando luz a nuestra oscuridad. Aceptándonos tal cual somos con nuestros rincones abandonados, nuestras luces y sombras. Los miedos y las inconsciencias y también nuestro potencial. Y cada vez, si nos encargamos de ir quitando capas, máscaras y corazas, nos iremos sintiendo más ligeros, más ilimitados y más alineados con los propósitos de nuestra alma.
Desde que nacemos se nos van inculcando leyes, patrones y normas. Algunas nos sirven para vivir en sociedad otras para ser aceptados en nuestro círculo más cercano. Todo es correcto, sin embargo algunas de ellas nos apartan de nuestro Ser. Quizá al principio necesitamos una especie de guía para iniciar el camino, pero llegado un momento dado, cada uno de nosotros ha de tomar la responsabilidad de su vida. Y si hablamos de Alma, esa responsabilidad, pasa por desechar todas las normas que nos apartan de nuestra naturaleza más pura. Y a la vez hacer conscientes nuestras acciones para que vayan en la línea y dirección de nuestro propósito en la vida el cual es el Dharma.
En cualquier caso, si estamos en el viaje hacia el dharma, siempre aceptamos y aprendemos de las reacciones que provocan nuestras acciones y las reacciones del entorno con el que nos relacionamos. Y a la vez desarrollamos esa conciencia elevada o espiritual la cual proviene del conocimiento del Ser al que llegamos tras un viaje de limpieza, conocimiento, crecimiento y liberación interior y a través de la cual encontramos ese estado de Santosa. Estado de alegría al aceptar el momento presente en el que nos hacemos conscientes de nuestra Verdad, nuestra Alma, estado en el que rompemos los límites del ser individual y nos volvemos INFINITOS.

Ignacio Sáez Jiménez
Profesor y Formador de Kundalini Yoga en el cento yoyyoga de Granada

Granada a 16 de Julio de 2019

YOGA es nuestro estilo consciente de vida.

Yoga es nuestro estilo de vida, es nuestra vida.
Meditamos cada instante de nuestro camino, nuestro Dharma (Camino).
Yoga es unión y el primer lugar donde ha de existir esa unión es en nuestro interior. Nuestros sentimientos y emociones, nuestro ego, nuestro físico, nuestra conexión más elevada…. todo ha de estar en unión y gobernado por el Ser.
Nuestro Dharma es el Yoga, no es nuestra práctica diaria ni nuestro refugio ni nuestra droga de evasión. No es un negocio ni una moda.
Yoga es la semilla que regamos cada día para encontrarnos a nosotros mismos, la disciplina que día a día nos libera de las cargas del ego, es el compromiso que desde el mismo día que vinimos a este mundo adquirimos con nuestra Alma.
Yoga es un estado de conciencia que mantenemos vivo a través de la práctica y de todo lo que eso conlleva.
En estos días de crisis ya estamos cansados de escuchar tantas palabras bellas que no se corresponden con las acciones. Vemos personas perfectamente disfrazadas para el mercado del Yoga, pero no es Yoga sino un mercado repleto de vendedores con miedo porque su apego a lo terrenal no les permite vivir con la confianza del Ser.
Un Yogui no es un título ni un estilo de ropa ni una apariencia física ni un discurso bello.
Un Yogui es una persona sabía porque reconoce el Alma que ES, vive en su Ser, se deja guiar por su Gurú interior y comprende el momento.
Siempre honra sus palabras con sus actos consecuentes y conscientes.
Hace crecer a las personas que se le acercan, no se apodera de ellas y siempre da libertad, pues en la libertad del otro está la suya misma.
Un Yogui vive confiado desenvolviéndose con gracia, honestidad y simplicidad en el mundo material ya que sólo es un medio a través del cual seguir evolucionando.

Un Yogui se compromete fielmente con su Alma y con las demás Almas porque sabe que al final de los tiempos lo que en la materia parece separado, en un nivel elevado de conciencia, es Unión.

Ignacio Sáez.

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